Josefa Martínez Utrilla: un revólver apagó su futuro
El mediodía del sábado 16 de junio de 2018 amaneció ritual en Guadahortuna, Granada. Pero, alrededor de las dos de la tarde, la vida de Josefa Martínez Utrilla, conocida cariñosamente como “Pepa”, de 44 años, se truncó de manera brutal. Aquella tarde, mientras caminaba por la calle Ocón, cerca de su casa, su expareja, Antonio, de 55 años y padre de sus tres hijos, sacó un revólver sin licencia y le disparó a bocajarro: primero al estómago, luego a la cabeza. Josefa cayó gravemente herida en plena vía pública. El agresor, detenido en el instante, portaba manchas de sangre en la ropa y fue acusado de homicidio y tenencia ilícita de armas.

Madre de tres hijos adultos, Josefa había atravesado un proceso de separación de su marido; ya no convivían en el mismo hogar. Era una mujer laboriosa, jornalera durante la campaña de la aceituna y ama de casa en tiempos menos duros, tal como recuerdan sus vecinos, que la describían como “fuerte” y “muy familiar”. Pese a su fortaleza, nadie pudo anticipar que su ex pareja, sin denuncias previas entre ellos, la atacaría con tan escalofriante saña. Las instituciones y el pueblo tardaron en reaccionar: no había antecedentes oficiales por malos tratos, así que la alerta no existía .
Tras el doble disparo, Josefa fue rápidamente trasladada al hospital de Granada en helicóptero, pero no sobrevivió. Un día después, falleció víctima de un feminicidio íntimo que conmocionó a la provincia. Guadahortuna, con apenas dos mil habitantes, se paralizó. La solidaridad fue inmediata: concentraciones espontáneas, luto social y mensajes de repulsa institucional. La presidenta Susana Díaz tuiteó: “Horrorizada ante este nuevo asesinato machista… Tod@s debemos hacer frente a la lacra de la #ViolenciaDeGénero”.
Pero el dolor fue más allá del grito social: sus tres hijos quedaron huérfanos, y la comunidad se enfrentó a la cruda realidad de un sistema que no detectó señales. La ausencia de denuncias y el hecho de que la pareja ya no vivía junta ocultaron un peligro latente. Un feminicidio en un entorno íntimo y gratuito, sin rastros previos en el sistema VioGén, que cada siete días quitaba una vida femenina en Andalucía .

Josefa era una madre, una trabajadora, una mujer con sueño de futuro. Hoy, su historia se alza con voz firme: no se olviden de “Pepa”, no se borre su imagen de la conciencia colectiva. Fue un revólver el que la silenció. Pero su recuerdo denuncia: la violencia machista traspasa muros, no tiene hora ni lugar. Y exige acción, sin excusas.
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