Mar Contreras Chambó: disparo mortal en un punto ciego de la violencia
El 10 de mayo de 2018, en el campo de tiro de Las Gabias (Granada), una joven de 21 años llamada Mar Contreras Chambó fue víctima de un brutal acto de violencia de género. Según la autopsia y el informe de la Guardia Civil, su expareja, José Miguel Fernández, la esperó en un lugar sin videovigilancia y le disparó a quemarropa en la nuca. Minutos después, él se quitó la vida con el mismo arma, consumando así una tragedia devastadora.

Mar era estudiante de tercer curso de Filología Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada. Compañeros, amigas y amigas relataron que en los meses previos existían episodios de maltrato físico y psicológico, incluso golpes en la calle. Mar había comentado a sus cercanos que planeaba romper la relación: “No creo que me vuelva a poner la mano encima”.
Sin embargo, jamás se llegó a formalizar denuncia alguna, y su entorno no supo intervenir a tiempo.
El Gobierno lo calificó oficialmente como un homicidio machista, elevando la cifra de víctimas en España por ese año. Aun así, el caso se cerró en los tribunales después de que el agresor se suicidara, extinguiendo cualquier responsabilidad penal.

La conmoción tras su muerte fue profunda. Más de 1.500 personas, incluidos alumnos y profesores de la UGR, se concentraron ante la Subdelegación del Gobierno exigiendo medidas urgentes contra la violencia machista. Se colocó una placa conmemorativa en la fachada de la Facultad y se convocó un concurso de microrrelatos bajo su nombre, destinado a visibilizar la situación de las mujeres y recordar su memoria.
Años después, su madre, María del Mar Chambó, rompe el silencio con palabras que duelen: “Estamos solas, abandonadas y con miedo. … a las mujeres nos están matando”. Y exige: “Para que esto no vuelva a pasar… que se den escarmientos ejemplares”.

Mar, una joven llena de sueños, fue silenciada de golpe. Amaba la literatura, quería ayudar a la gente, aspiraba a ser modelo o psicóloga, cómo recuerda su madre. Y precisamente por eso, su memoria sigue viva. Su historia es dolor y advertencia: violencia de género seamos conscientes, seamos activos, no esperemos a que sea demasiado tarde.
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