No fue un desconocido: la historia de Sara Correa Yudes
La noche del 28 de noviembre de 2016, en la ciudad de Granada, la vida de Sara Correa Yudes fue brutalmente arrebatada. Su pareja sentimental fue quien alertó a los servicios de emergencia, asegurando que un desconocido le había disparado mientras ella bajaba la basura. Según su relato, el disparo había provenido desde un jardín cercano, a través de una valla. La escena parecía la de un ataque fortuito, una tragedia repentina sin motivo aparente. Pero pronto, las piezas comenzaron a no encajar.

Desde el principio, la Policía Científica detectó elementos que contradecían la versión del supuesto ataque callejero. La trayectoria de la bala, por ejemplo, no era compatible con un disparo hecho desde fuera: era vertical, de abajo hacia arriba, y se había producido a muy corta distancia. Esto sugería que el disparo no había tenido lugar en la vía pública, sino en otro escenario mucho más íntimo. Los investigadores sospecharon que el crimen había ocurrido dentro de la vivienda y que posteriormente el cuerpo fue movido hasta el exterior para simular una escena falsa. La investigación se intensificó.
A lo largo de 2017, los agentes de la Brigada de Policía Científica realizaron un minucioso trabajo forense. Analizaron la ropa de Sara, el proyectil, las trayectorias, el entorno y el interior del domicilio. Recolectaron indicios que revelaban un intento deliberado de encubrimiento. El trabajo técnico y el estudio de cada detalle físico de la escena fueron claves para desmontar el relato del acusado.
El juicio tuvo lugar en junio de 2018. Durante las sesiones, la Fiscalía insistió en las numerosas contradicciones del acusado. Su versión resultó insostenible frente a la contundencia de las pruebas forenses: la dirección del disparo, la presencia de restos biológicos, las manchas de sangre, y las incongruencias en sus declaraciones. Fue evidente para el tribunal que el crimen había sido premeditado y que la escena había sido manipulada con frialdad. A finales de julio, se dictó sentencia: 23 años de prisión por asesinato

Más allá del horror del crimen, el caso de Sara Correa Yudes ha sido un ejemplo de cómo la ciencia forense puede sacar a la luz la verdad, incluso cuando esta ha sido cuidadosamente ocultada. Su asesinato, como tantos otros marcados por la violencia machista, generó indignación social y movilizó a su entorno. Vecinos declararon haber escuchado un disparo y gritos aquella noche, lo que dio fuerza a las sospechas iniciales. En redes sociales, y en especial en páginas como “Todos somos Sara”, su nombre quedó asociado a la lucha por la justicia y la visibilización de las víctimas.
Sara tenía 38 años. Tenía planes, tenía una vida. Hoy su historia no solo forma parte de las estadísticas, sino también de una memoria colectiva que clama por un mundo más justo. La verdad, aunque tardía, fue dicha. Y eso, en un contexto donde tantas voces quedan silenciadas, importa.
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